El joven pianista ibaguereño ofreció un recital sólido y exigente que terminó en aplausos largos en Santa Marta. Confirmó por qué ya figura entre los Jóvenes Intérpretes 2026.
Mateo Navia se sentó, tocó y se impuso. Así fue el recital en el Teatro Cajamag Pepe Vives Campo: ejecución firme, sin fallas visibles, con un público que terminó de pie reconociendo lo que acababa de escuchar.
El programa no estaba diseñado para lucirse fácil. Arrancó con la Sonata Waldstein de Ludwig van Beethoven, una pieza que exige potencia y control. Navia la sostuvo con pulso firme, sin perder claridad.
Siguió con la Fantasía en fa menor de Frédéric Chopin, donde bajó el tono sin perder intensidad. Después vino Choros No. 5 de Heitor Villa-Lobos, con ritmo y contraste bien marcados.
La prueba más dura llegó con Gárgolas de Lowell Liebermann, una obra compleja que requiere precisión absoluta. La resolvió sin quiebres. Cerró con la colombiana Amparo Ángel, dejando un cierre contemporáneo que conectó con el público.
Control total del instrumento
Navia tocó directo, concentrado, con dominio claro del piano. Su formación en el Conservatorio del Tolima y su paso por la Universidad EAFIT se notan en cada transición: técnica ordenada, lectura clara y manejo del sonido sin improvisaciones.
Aquí no hubo show. Hubo ejecución.
Un nombre que ya no es promesa
Navia ya ha pasado por festivales importantes y ha trabajado con maestros internacionales. Su presencia en la convocatoria Jóvenes Intérpretes 2026 se entiende al verlo en escena.
Lo de Cajamag fue una presentación que lo pone en otro nivel.
El público lo dejó claro
El teatro respondió sin dudas. Silencio durante las piezas y aplausos largos al final.
No fue una noche más en la agenda cultural. Fue un recital que dejó marca. Y un pianista que salió fortalecido.


